Heroína
La
heroína es una droga extremadamente adictiva.
Estudios
recientes indican que la forma de usar la heroína ha
cambiado, pasando de inyectarse droga a inhalarla o
fumarla, debido a que se obtiene mayor pureza con estos
métodos y al concepto erróneo de que estas formas de
empleo no llevarán a la adicción. El heroinómano usa
la droga, como promedio, hasta cuatro veces al día.
La
heroína se procesa a partir de la morfina, sustancia
que ocurre naturalmente y se extrae de la bellota de
la adormidera asiática. Aparece generalmente en forma
de polvo blanco o marrón. Los nombres vulgares relacionados
con esta droga incluyen "smack" ("pasta"),
"H," ("H"), "skag" ("polvo
blanco"), y "junk" ("lenguazo").
Otros nombres se refieren al tipo de heroína producido
en una zona geográfica específica, como "Mexican
black tar" ("goma").
Peligros
para la salud
La
heroinomanía puede traer graves consecuencias para la
salud, entre ellas sobredosis mortal, aborto espontáneo,
colapso de las venas, y enfermedades infecciosas, incluso
VIH/SIDA y hepatitis.
Los
efectos a corto plazo del abuso de heroína aparecen
poco después de la primera dosis y desaparecen en unas
cuantas horas. Después de una inyección de la droga,
el usuario dice sentir un brote de euforia ("rush")
acompañado de un cálido sonrojo de la piel, boca seca
y extremidades pesadas. Después de esta euforia inicial,
el usuario está "volando" ("on the nod"),
estado en el que se alterna la vigilia con el adormecimiento
y se turban las facultades mentales debido a la depresión
del sistema nervioso central.
Los
efectos de la heroína a largo plazo aparecen después
que la droga se ha estado usando repetidamente por algún
período de tiempo. El usuario crónico puede sufrir colapso
de las venas, infección del endocardio y de las válvulas
del corazón, abscesos, celulitis y enfermedades del
hígado. Puede haber complicaciones pulmonares, incluso
varios tipos de neumonía, como resultado del mal estado
de salud del toxicómano, así como por los efectos depresivos
de la heroína sobre la respiración.
Además
de los efectos de la misma droga, la heroína que se
vende en la calle puede tener aditivos que no se disuelven
con facilidad y obstruyen los vasos sanguíneos que van
a los pulmones, el hígado, los riñones o el cerebro.
Esto puede causar infección o hasta muerte de pequeños
grupos de células en estos órganos vitales.
Tolerancia,
toxicomanía y abstinencia
El
uso regular de la heroína produce tolerancia a la droga,
lo que significa que el toxicómano debe usar mayor cantidad
para obtener la misma intensidad o efecto. Este uso
de mayores dosis lleva, con el tiempo, a la dependencia
física, en la que el cuerpo, al haberse adaptado a la
presencia de la droga, puede sufrir síntomas de abstinencia
si se reduce o se abandona su uso.
La
abstinencia, que en el toxicómano regular puede ocurrir
tan pronto como varias horas después de la última administración
de heroína, provoca deseo de usar la droga, agitación,
dolores en los músculos y en los huesos, insomnio, diarrea
y vómitos, escalofríos con piel de gallina ("cold
turkey"), movimientos en forma de patadas ("kicking
the habit") y otros síntomas. Entre éstos, los
principales alcanzan su punto máximo de 48 horas a 72
horas después de la última dosis y se calman después
de una semana más o menos. La abstinencia repentina
en los usuarios que dependen mucho de la droga y están
en mal estado de salud resulta mortal a veces, aunque
se cree que la supresión de heroína es mucho menos peligrosa
que la de alcohol y barbituratos.
Para
que estés bien
Esta
dependencia requiere de tratamiento especializado.
Hay
una gran variedad de opciones terapéuticas para la adicción
a la heroína, entre las que figuran los medicamentos
y la terapéutica de la conducta. La ciencia nos ha enseñado
que combinar tratamiento a base de medicamentos con
otros servicios de apoyo al paciente hace posible que
el toxicómano deje de usar la heroína (u otro opiáceo)
y vuelva a una vida más estable y productiva.
Fuente:
Instituto
Nacional de Abuso de Drogas (NIDA)
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