Factores
que pueden desencadenar la ansiedad
Entre
los factores intervinientes se encuentra la herencia biológica
y en segundo lugar una serie de experiencias y eventos comunes
que se pueden observar en el entorno de las personas que
más tarde padecerán una enfermedad ansiosa. Solamente la
combinación de varios de estos factores (genética + aprendizaje
+ desencadenantes) llega a producir un trastorno de ansiedad.
Verifique si alguno de ellos puede detectarse en la persona
en estudio:
Influencia
parento-filial
Respecto
de la familia se deben considerar los valores y creencias
del grupo de crianza, los métodos y disciplinas utilizados,
los modelos ofrecidos por los adultos significativos, en
especial los padres, el lugar que ocupa el enfermo en relación
con los hermanos, si es hijo natural o adoptivo, y si ha
habido divorcios o nuevos casamientos.
Los
padres que padecen severa ansiedad u otros trastornos que
se manifiesten en el trato cotidiano, implican un riesgo
de que el niño los imite, por modelado o aprendizaje imitativo.
Dentro de las posibilidades de trato que pueden tener influencia
negativa, encontramos:
Padres
sobreprotectores
Son
aquellos que amparan excesivamente al niño de las adversidades
de la vida. Muchas veces esto surge porque necesitan tener
a alguien que dependa exclusivamente de ellos. Desgraciadamente,
esto tiende a afianzar la creencia de que todo en el afuera
es riesgoso y que conviene evitar salir del círculo familiar.
Aunque actúe con la mejor de las intenciones, el sobreprotector
impide al niño el aprender a manejar adversidades y asumir
algún riesgo como parte de la vida.
Ausencia
parental
Física
o psicológica, de uno o de ambos padres. Estos no están
presentes o es como si no estuvieran, pues no cubren las
necesidades básicas de afecto, orientación, límites y supervisión
en la crianza. Dentro de este factor estaría la ausencia
o privación afectiva, que sufren aquellos niños cuyos padres
nunca están disponibles afectivamente, ni se interesan por
ellos para charlar, para acariciarlos o para retarlos. Un
niño puede experimentar mucha ansiedad cuando es separado
de los padres por mucho tiempo, sobre todo cuando no entiende
los motivos, esto puede darse por trabajo en el exterior,
hospitalizaciones prolongadas, divorcios, muerte, etc.
Abuso
infantil:
Si bien
las categorías descriptas son abusivas, hay formas más activas
de maltrato, como el abuso psicofísico, presente en los
padres castigadores que lastiman a sus niños de diferentes
maneras, y el abuso psicológico, que causa un sufrimiento
mental innecesario y excesivo, que incluye la desvalorización
permanente, las amenazas de abandono o las críticas excesivas.
El abuso sexual, es una de las formas más dañinas y traumáticas
de maltrato infantil y origina patologías muy severas.
Expectativas
parentales que demanden del niño un comportamiento de adulto,
más allá de sus posibilidades, como por ejemplo, obligar
al hermano mayor a cumplir un rol materno o paterno, son
también formas de sometimiento.
Reglas
familiares rígidas
Criarse
en una familia caracterizada por reglas muy rígidas o por
exigencias desmedidas, puede establecer un patrón de todo
o nada, de blanco o negro, que se continuará sosteniendo
en la adultez. Estas reglas severas pueden ir de la mano
con exigencias desproporcionadas que suelen estar basadas
en algún patrón moral, religioso o sectario inflexible,
expresado de una manera fundamentalista.
Aprobación
según el desempeño
Muchos
niños son valorados por sus padres como personas solamente
cuando su desempeño cumple las expectativas de los mismos,
por ejemplo, al obtener muy buenas notas escolares, o al
desarrollar algún talento. La aprobación según el desempeño,
lleva a la creencia errónea de que una persona tiene valor
únicamente cuando realiza algo valioso. Este hecho es más
impactante cuando los padres son perfeccionistas y no sólo
quieren que sus hijos aprueben con buenas notas, sino que
además esperan de ellos perfección y que superen, ampliamente,
la capacidad de un niño promedio.
Supresión o negación de sentimientos:
Puede
darse de dos maneras: Directamente instruyendo al niño para
que suprima la expresión de sus sentimientos, usando frases
como "no llores", "no tienes que mostrarte
avergonzado", "no te enojes conmigo" o indirectamente,
como se observa en los padres que bloquean o niegan sus
propios sentimientos o, lo que es más grave, niegan la validez
de los sentimientos del niño, y ante su rabia dicen "tú
no estás realmente enojado". Si la demostración de
los sentimientos gatilla reacciones violentas o abusivas
de algún progenitor, el niño aprende a suprimirlas para
sobrevivir.
En muchas
familias, la poca expresión e información de los afectos
es una norma.
Que
algunos de estos rasgos coincidan con el pasado de la persona
en estudio, no significa que ésta no pueda modificarlos.
De hecho, al hacer esta revisión, Ud. está dando con él
o ella, el primer paso. El siguiente, será aprender a modificar
las causas o la predisposición a padecer problemas vinculados
con la ansiedad.
Fuente:
www.psycoweb.roche.com.ar