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ANSIEDAD Y AUTODIALOGO

Las personas que sufren de trastornos de ansiedad, ya sean crisis de pánico, fobias o ansiedad generalizada, están sobre todo predispuestas a desarrollar autodiálogos o autocharlas negativas.

La ansiedad puede ser generada en el preciso momento en el que la persona comienza a decirse a sí misma frases que se inician con 2 o 3 palabras:

  • "¿qué pasa si?" o
  • "¿y si?".

La ansiedad anticipatoria que es uno de los componentes esenciales de dichos trastornos, surge al afrontar situaciones potencialmente difíciles y se va desarrollando a partir de enunciados distorsionados, que el sujeto va formulándose, por ej:

  • "¿qué pasa si me da una crisis ahora?"
  • "¿y si no puedo manejarla?"
  • "¿qué pensarán de mi los demás cuando me vean así?.

El darse cuenta, cada vez que cae en este tipo de pensamientos, es el primer paso para recuperar el control sobre estas autocharlas negativas. El cambio real ocurre cuando se comienza a detectar y reemplazar los pensamientos negativos por afirmaciones positivas de autoapoyo, del tipo:

  • "estos son sólo pensamientos, para manejarlos voy a respirar lentamente, aflojarme y relajarme", que refuerzan la aptitud para enfrentar los hechos.

En las personas ansiosas, la autocharla negativa perpetúa la evitación. En su pantalla interna quizás proyecte imágenes muy negativas o catastróficas, acerca de la posibilidad de afrontar estas situaciones. Resumiendo, una autocharla ansiosa lleva a la evitación y ésta produce más autocharlas ansiosas, es decir que se crea un círculo vicioso que se autoperpetúa.

La autocharla catastrófica puede iniciar o agravar una crisis de pánico. Lo cierto es que el trastorno de pánico se perpetúa por los pensamientos catastróficos generados a partir de los síntomas de descompensación neurovegetativa que integran la crisis.

  • Un ataque de pánico se inicia con síntomas de hipervigilancia fisiológica como taquicardia, opresión en el pecho, palpitaciones, mareos o palmas sudorosas.

 Biológicamente es la respuesta de lucha o huída que todos los mamíferos, incluyendo los humanos, normalmente se producen cuando son sometidos a la percepción de una amenaza. En realidad no hay nada anormal o peligroso en esto. En lugar de permitir simplemente que esta reacción del cuerpo llegue a un máximo de intensidad y luego ceda, la persona panicosa tiende a agravar su crisis al iniciar una autocharla atemorizante:

  • "Oh, no! me está volviendo de nuevo, voy a descontrolarme, tengo que salir de aquí ya" o
  • "Debo luchar contra esto y lo haré desaparecer"

Esta autocharla catastrófica empeora los síntomas físicos iniciales los que al incrementarse, producen pensamientos más negativos. Una crisis de pánico severa puede ser mucho menos intensa si en lugar de ello, al inicio de los primeros síntomas, se eligen pensamientos tranquilizadores o de reaseguro

por ej. :

  • "puedo aceptar lo que está ocurriendo, mis palpitaciones, sudor o mareos, aunque son bastante incómodos, van a pasar, voy a relajarme y controlar mi respiración etc. ..."

Recordemos que la autocharla negativa consiste en una serie de malos hábitos mentales aprendidos. A lo largo de nuestra vida hemos aprendido a pensar de esta manera errónea.

Para que estés bien

De la misma forma que es posible reemplazar hábitos pocos saludables, como el fumar o tomar mucho café, por otras conductas más positivas, también podemos reemplazar estos pensamientos distorsionados, poco beneficiosos y enfermantes por hábitos mentales más positivos y de apoyo. El reemplazo de hábitos mentales negativos por otros positivos y la adquisición de éstos, requiere de esfuerzo, determinación y mucha práctica, pero finalmente se logra el aprendizaje de nuevos comportamientos.

Fuente:

www.psycoweb.roche.com.ar

 

 

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