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Stress y el abuso
del alcohol
La incapacidad de
enfrentar al stress inherentes a la vida
moderna es la razón por la cual
muchas personas recurren al alcohol para
liberarse de la fatiga, de la ansiedad
y de la presión que pesa sobre
ellas.
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Los efectos iniciales
del alcohol sobre el metabolismo se parecen a
los del mismo stress. El alcohol parece estimular
el hipotálamo provocando un aumento de
la secreción de ACTH. Ello da lugar a un
aumento de los niveles de adrenalina y cortisol.
Pero he aquí
que estos efectos son sólo pasajeros y
ocultan el hecho de que el alcohol es, en realidad,
un depresor. Las vías de inhibición
del cerebro, incluyendo aquellas por las cuales
intervienen la noradrenalina y el ácido
gamma-aminobutírico (GABA), son deprimidas
por el alcohol. La inhibición ejercida
por el alcohol explica el efecto de excitación
general y la supresión en el comportamiento.
La mayoría de las personas actúan de manera
menos inhibida bajo el efecto del alcohol, lo que
da la impresión por otra parte falsa, de
que el alcohol es un estimulante.
Si bien el alcohol
puede producir un efecto de corta duración
que parece ayuda aliviar la tensión, se
convierte con gran facilidad en un problema en
si mismo. Su empleo regular impulsa la tolerancia
y a recurrir a dosis crecientes para mantener
el mismo efecto.
Prácticamente
todos lo órganos pueden verse negativamente
afectados por el alcohol. El abuso de este último
acarrea una multitud de problemas para la salud,
incluyendo cirrosis hepática, hipertensión,
trastornos cardíacos, problemas sexuales,
perturbaciones del sueño y pérdida
de la integridad de la mucosa gástrica.
Además los
efectos fisiopatológicos provocados por
el abuso del alcohol, éste tiene una influencia
destructiva sobre la vida social y profesional
del sujeto, al que además le resulta cada
vez más difícil combatir el stress.
Finalmente, existe
un efecto de potenciación en la interacción
entre el alcohol y los tranquilizantes.
Fuente:
M. Michal
© 1992 Ediciones Roche
F. Hoffman-La Roche SA, Bale, Suize
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